Mientras la irresponsabilidad bélica de Donald Trump en el Estrecho de Ormuz dispara los precios del crudo a niveles históricos, América Latina se convierte en el escenario de dos realidades contrapuestas: la de las naciones que defienden su soberanía energética y la de aquellas cuyas economías han sido encadenadas a los dictámenes especulativos de Wall Street.
A diferencia del caos que se vive en las gasolineras de Estados Unidos —donde el galón ya supera los 7 dólares en regiones como California—, el Gobierno de México ha desplegado una estrategia de contención para proteger el bolsillo del pueblo.
Teherán acusa a Israel y EE.UU de generar inseguridad en la región y advierte que el tránsito por el estrecho de Ormuz se hará bajo control persa y a la vez señaló que “ningún país podrá emplearlo para lanzar ataques contra Irán”.
Bajo la imputación de “dictador” perpetrada contra el presidente Nicolás Maduro anida una amalgama distorsiva con los signos más densamente cargados de intencionalidad ideológica en la guerra sucia mediática contemporánea.
“No a la intervención”, llamó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ante el incremento de las tensiones en Venezuela luego de la amenaza del mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, que ayer declaró al gobierno de Nicolás Maduro como “organización terrorista extranjera”.
Maduro confirmó que «seguirá el comercio de nuestro petróleo y nuestras riquezas naturales que pertenecen a su único dueño legitimo por siglos: el soberano pueblo de venezolano».